martes 14 de febrero de 2012

La que se rebalsa

Soy un ser plagado de sombras.
Juegan aquí adentro
retozan
alborotan
convulsan
Entran por el corazón y salen por la boca.
sarcásticas
ácidas
punzantes
Me convierten en imprudencia.

O tal vez me hacen una de ellas.

miércoles 8 de febrero de 2012

Procesando...

Desde que Internet mueve toneladas de información, diariamente entro al Twitter para revisar las actualizaciones de mis revistas favoritas. Ahí también me informo de los titulares más recientes en los diarios y emisoras nacionales. En Facebook, me entero del tema que más suena en las conversaciones de artistas, amigos y familiares. Y mientras tanto, en mi correo electrónico, recibo notificaciones de algunos blogs de periodismo a los que les sigo la pista.

Puedo imaginar a mi cerebro como una esponja que, amanece liviana y relajada, pero al final del día termina extremadamente pesada. Muchos detalles de mi lectura diaria cuelgan a las afueras de esa esponja, con riesgo de caer en un extraño vacío en el que se pueden perder para siempre.

En algunas ocasiones, sucede. La información no tiene de dónde agarrarse. Pero, otras veces, hay asideros que la rescatan: un compañero de trabajo que me dice "ya leíste tal cosa" o un momento de silencio dentro de mi automóvil en el que se destraba mi disco duro. Entonces, escucho un sonoro "ping" y se me abren los ojos automáticamente.

No sé si soy yo la que no se organiza o si me traiciona esa manía de revisar todo lo que aparece como "no leído". Es que, siento un enorme alivio cuando en mi celular o en la pantalla de mi computadora, no tengo más que letras grises. Las que están resaltadas con negritas me estresan, me hacen pensar que tengo mil pendientes y me ponen ansiosa.

domingo 5 de febrero de 2012

La que quiso y no pudo ser

En la frivolidad de un centro comercial vi hoy, en una niña, el atuendo que le hubiera dado sentido a toda mi existencia noventera. En cuestión de milisegundos, pasé de la vergüenza a la nostalgia.

Me hizo recordar cómo en mi adolescencia quería desentonar, a propósito, con aquellas compañeras de clase que se lanzaban miradas ponzoñosas entre sí por acaparar el espejo del baño. Se esmeraban tanto en el uso de ropa ajustada, que yo quería mostrar todo lo contrario.

Pero además, buscaba la comodidad. Y para lograrlo, usaba playeras flojas, faldas largas, pantalones de lona holgados o rotos... pero no tenía dinero para refinar -digamos- esos peculiares gustos. Así que, reciclaba faldas de mi mamá o blusas de tallas más grandes.

Yo quería ser así,


pero en lugar de eso, me hice así: (jejeje)


sábado 17 de diciembre de 2011

Un año hace

En un diciembre como este la vimos entrar por esa enorme puerta de cristal. Traía su mochila al hombro y el rostro visiblemente cansado. Ella decía que le pesaba la espalda. La maleta venía cargada de ilusiones. Nos dijo que durante tres meses se vio obligada a leer mensajes ocultos, a encontrar señales dispersas en los lugares que visitaba y que todo eso se había convertido en pequeñas esperanzas. Nos mostró varios cuadernos con anotaciones y cartas sin enviar para que lo comprobáramos.

Tomada de cosasdeviajes.com
Al llegar a su casa confesó muy preocupada que no sabía por dónde empezar a desempacar. Todos le recomendamos que descansara, que durmiera y se dedicara a eso después. Pero claro, así como es ella, no nos hizo caso. De inmediato descubrió un par de esas ilusiones que había envuelto en una tela verde y nos recomendó guardarlas cerca del corazón.

Eso fue hace un año. Dejamos de frecuentarla porque teníamos otras prioridades. Hace poco, volvimos a encontrarnos, pero esta vez no la esperamos a su arribo por la puerta aquella. Entonces recordamos el regalo que nos había dado el año anterior. Tuvimos que ser honestos y reconocer que sin planearlo, habíamos engabetado las ilusiones y que aún no sabíamos si nos serían útiles.

Ella nos observó inexpresiva y nos dijo: "Ya lo sé. Ahora mi maleta trae melancolía".

viernes 25 de noviembre de 2011

Obstinaciones

Según la Real Academia de la Lengua Española, el verbo obstinar significa "mantenerse en su resolución y tema, porfiar con necedad y pertinacia, sin dejarse vencer por los ruegos y amonestaciones razonables ni por obstáculos o reveses".

Tomada de buscandomireflejo-may.blogspot.com
Leyéndolo así, uno piensa que ser obstinado es negativo pues, a pesar de esas súplicas o de las explicaciones racionales de los hechos, se es necio. Entonces, me pregunto en qué ocasiones he tenido esta actitud negativa, cómo ha afectado mi vida o la de quienes me rodean y ¿será posible mantener un estado permanente de obstinación?

Esta semana estuve en una plática relacionada con el diseño gráfico y la vida, en la que se mencionó esta palabra. Sin embargo, la propuesta de la charla era tomar el lado positivo de ese verbo y tener necedades productivas, que contagien de buenas vibras a los demás... es casi como tener fe en las causas perdidas.

Y yo, muy fácilmente puedo ver esta aplicación a todo lo laboral, lo que tiene que ver con mi profesión, con lo que me gusta hacer, con eso que hago y por lo que afortunadamente me pagan. Pero, lo que me cuesta mil veces es dejar de ser obstinada en el plano de las relaciones afectivas. Amigos, amigas, hermanas, padres, parejas actuales o anteriores... tengo un enorme listado de obstinaciones con cada uno de ellos.

¿Eso cómo se quita?